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CARDIOLOGÍA

Las siestas frecuentes podrían estar asociadas a la hipertensión arterial

Hypertension · 27 julio 2022

Dormir la siesta con regularidad se asocia a un mayor riesgo de hipertensión arterial e ictus, según una nueva investigación publicada en Hypertension.

Investigadores de China examinaron si las siestas frecuentes podrían ser un posible factor de riesgo causal de hipertensión arterial e ictus. Se trata del primer estudio que utiliza tanto el análisis observacional de los participantes durante un largo periodo de tiempo como la aleatorización mendeliana, una validación del riesgo genético, para investigar si las siestas frecuentes se asociaban a la hipertensión arterial y al ictus isquémico.

"Estos resultados son especialmente interesantes, ya que millones de personas podrían disfrutar de una siesta regular o incluso diaria", afirma E. Wang, de la Universidad Central del Sur y autor del estudio.

Los investigadores utilizaron información del Biobanco del Reino Unido, que reclutó a más de 500.000 participantes de entre 40 y 69 años que vivían en el Reino Unido entre 2006 y 2010. Proporcionaron regularmente muestras de sangre, orina y saliva, así como información detallada sobre su estilo de vida. La encuesta sobre la frecuencia de las siestas diurnas se realizó 4 veces entre 2006 y 2019 en una pequeña proporción de los participantes.

El grupo de Wang excluyó los registros de las personas que ya habían sufrido un ictus o tenían hipertensión antes del inicio del estudio. Esto dejó a unos 360.000 participantes para analizar la asociación entre la siesta y los informes de primera vez de ictus o hipertensión, con un seguimiento promedio de unos 11 años. Los participantes se dividieron en grupos en función de la frecuencia de las siestas declarada por ellos mismos: "nunca/rara vez", "a veces" o "habitualmente".

El estudio descubrió un mayor porcentaje de personas que dormían habitualmente eran hombres, tenían niveles de educación e ingresos más bajos y declaraban fumar, beber a diario, tener insomnio, roncar y ser una persona nocturna, en comparación con los que nunca o a veces dormían.

En comparación con las personas que declararon no dormir nunca la siesta, las personas que lo hacían tenían 12 por ciento más probabilidades de desarrollar hipertensión arterial y 24 por ciento más de probabilidades sufrir un accidente cerebrovascular.

Los participantes menores de 60 años que solían dormir la siesta tenían 20 por ciento más riesgo de desarrollar hipertensión arterial que las personas de la misma edad que nunca dormían la siesta. Después de los 60 años, la siesta habitual se asoció a un riesgo 10 por ciento mayor padecer hipertensión arterial en comparación con los que declararon no dormir nunca la siesta.

Aproximadamente tres cuartas partes de los participantes permanecieron en la misma categoría de siesta a lo largo del estudio.

El resultado de la aleatorización mendeliana mostró que si la frecuencia de la siesta aumentaba en una categoría (de nunca a veces o de veces a habitualmente) el riesgo de hipertensión arterial aumentaba un 40 por ciento. Una mayor frecuencia de siesta estaba relacionada con la propensión genética al riesgo de hipertensión.

"Esto puede deberse a que, aunque dormir la siesta en sí mismo no es perjudicial, muchas personas que duermen la siesta pueden hacerlo porque duermen mal por la noche. Dormir mal por la noche se asocia con una peor salud, y las siestas no son suficientes para compensar eso", afirma Michael A. Grandner, MTR, experto en sueño y coautor de la nueva puntuación de salud cardiovascular Life's Essential 8 de la Asociación Americana del Corazón.

"Este estudio –añade- se hace eco de otros hallazgos que en general muestran que tomar más siestas parece reflejar un mayor riesgo de problemas con la salud del corazón y otras cuestiones".

Los autores recomiendan que se sigan examinando las asociaciones entre un patrón de sueño saludable, incluidas las siestas diurnas y la salud del corazón.

El estudio tiene varias limitaciones importantes a tener en cuenta. Los investigadores sólo recogieron la frecuencia de las siestas diurnas, no la duración, por lo que no hay información sobre cómo o si la duración de la siesta afecta a la presión arterial o al riesgo cerebrovascular. Además, la frecuencia de la siesta fue autodeclarada sin ninguna medida objetiva, lo que hace que las estimaciones no sean cuantificables. Los participantes del estudio eran en su mayoría personas de mediana edad y de edad avanzada con ascendencia europea, por lo que los resultados pueden no ser generalizables. Por último, los investigadores aún no han descubierto el mecanismo biológico del efecto de la siesta diurna sobre la regulación de la presión arterial o el ictus.

Referencia: Hypertension. 2022;101161HYPERTENSIONAHA12219120. doi:10.1161/HYPERTENSIONAHA.122.19120

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