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INMUNOLOGÍA

La vacuna contra la COVID-19 genera anticuerpos en el 90 por ciento de los pacientes que toman inmunosupresores

Universidad de Washington · 01 septiembre 2021

Sin embargo, un nuevo estudio estadounidense muestra que las personas tratadas por enfermedades autoinmunes producen respuestas más débiles que las personas sanas.

Según un estudio realizado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos), la vacuna contra la COVID-19 provoca respuestas de anticuerpos en casi 9 de cada 10 personas con sistemas inmunitarios debilitados, aunque sus respuestas solo mostraron una fortaleza equivalente a una tercera parte que las de las personas sanas.

El estudio, publicado en Annals of Internal Medicine, analizó a personas que tomaban inmunosupresores para tratar enfermedades inflamatorias crónicas como la enfermedad intestinal inflamatoria y la artritis reumatoide. Dado que no se ha establecido un nivel mínimo de anticuerpos necesario para la protección, ha sido difícil establecer si los niveles alcanzados por las personas que toman inmunosupresores son lo suficientemente altos como para protegerlos de la COVID-19 grave, según los investigadores.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos recomendaron recientemente que las personas que toman inmunosupresores reciban una tercera dosis de la vacuna para reforzar sus respuestas inmunitarias.

No obstante, el descubrimiento de que la vacuna COVID-19 provoca una respuesta en personas con sistemas inmunitarios comprometidos -aunque no sea tan fuerte- es una noticia alentadora para una población que se enfrenta a un alto riesgo de enfermedad grave.

"Algunos de nuestros pacientes han dudado en vacunarse, lo cual es lamentable porque corren un mayor riesgo de desarrollar casos más graves de COVID-19 si se infectan, en comparación con los que no toman medicamentos inmunosupresores", afirma el coautor Alfred Kim.

"A algunos de ellos les preocupa que la vacunación pueda provocar un recrudecimiento de su enfermedad, pero no hemos visto que eso ocurra –prosigue-. Otros no ven el sentido de la vacunación, porque piensan que los medicamentos que están tomando para tratar su enfermedad autoinmune les impedirán producir una respuesta inmunitaria a la vacuna. Lo que encontramos aquí es que la gran mayoría de los pacientes inmunocomprometidos con enfermedades autoinmunes son capaces de generar respuestas de anticuerpos después de la vacunación contra la COVID-19. Está claro que hay un beneficio para esta población".

Cuando las primeras vacunas fueron autorizadas para uso de emergencia en diciembre de 2020, Kim se preocupó por cómo funcionarían en sus pacientes. Estudios anteriores habían demostrado que los inmunosupresores pueden atenuar las respuestas de las personas a otras vacunas, como las de la gripe y las enfermedades neumocócicas.

Kim Ali Ellebedy se propusieron determinar la respuesta de las personas que toman medicamentos inmunosupresores a la vacunación contra la COVID-19. Junto con otros investigadores, reunieron un grupo de participantes compuesto por 133 pacientes y 53 personas sanas como controles. Cada uno de los pacientes tomaba al menos un medicamento inmunosupresor para enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal, la artritis reumatoide, la espondiloartritis, el lupus o la esclerosis múltiple.

Los participantes proporcionaron muestras de sangre dos semanas antes de recibir la primera dosis de la vacuna de Pfizer o Moderna y tres semanas después de recibir la segunda dosis. Se midieron los niveles de anticuerpos de cada participante y se contó el número de células productoras de anticuerpos en las muestras de sangre. Todos los pacientes siguieron con sus regímenes farmacológicos prescritos, excepto tres cuya medicación se interrumpió una semana después de la inmunización.

Todos los participantes sanos y el 88,7 por ciento de los inmunodeprimidos produjeron anticuerpos contra el virus causante de la COVID-19. Sin embargo, los niveles de anticuerpos y el número de células productoras de anticuerpos en el grupo inmunodeprimido fueron un tercio más altos que los del grupo sano.

"Nadie sabe cuál es el nivel mínimo de anticuerpos necesario para la protección -comenta Ellebedy-. Simplemente no sabemos si las personas que tenían niveles bajos pero detectables de anticuerpos están protegidas o no. Es esa incertidumbre la que justifica la necesidad de una tercera dosis, sobre todo teniendo en cuenta que tenemos estas variantes altamente infecciosas que son capaces de causar infecciones de ruptura incluso entre personas sanas".

Dos clases de fármacos dieron lugar a respuestas inmunitarias especialmente débiles. Solo el 65 por ciento de los paceintes que tomaban glucocorticoides y el 60 por ciento de las que tomaban terapias para agotar las células B desarrollaron respuestas de anticuerpos detectables. En cambio, las personas que tomaban antimetabolitos como el metotrexato, inhibidores del TNF o inhibidores de JAK no generaron respuestas inmunitarias significativamente más débiles que las personas que no tomaban esos fármacos.

Los autores se disponen a realizar un seguimiento del mismo grupo mientras reciben sus terceras dosis. Si una tercera dosis permite a las personas que toman inmunosupresores alcanzar los niveles de anticuerpos que se observan en las personas sanas tras una segunda dosis, Kim afirma que se sentiría mejor acerca de lo bien que la vacuna protege a sus pacientes.

"Recibir esta dosis adicional podría ayudar a mitigar esta pérdida de respuesta –concluye-. Es realmente importante que las personas inmunodeprimidas reciban esta dosis para maximizar su capacidad de protegerse del SRAS-CoV-2".

Referencia: Ann Intern Med. 2021. doi: 10.7326/M21-1757

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