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PUBLICADO EN 'NUTRICIÓN HOSPITALARIA'

Vinculan la ingesta de ciertos probióticos con mejoras de la impulsividad en fibromialgia

JANO.es · 28 febrero 2018 00:24

Un estudio detecta que microorganismos comunes en algunos alimentos facilitan los cambios de tarea y favorecen la capacidad de adaptación de los pacientes.

Los intestinos y el cerebro se intercomunican a través de un eje que, según los estudios de Giuseppe De Palma o Premysl Bercik, de las universidades de Brescia, en Italia, y Hamilton, en Canadá, entre otros muchos, funciona mediante múltiples caminos que incluyen vías hormonales, neuronales y de mediadores del sistema inmune. De esta forma, lo que comemos afecta al cerebro, según se ha vuelto a poner de manifiesto en el encuentro de la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos (SEPyP) celebrado recientemente en Zaragoza. Con esta premisa, investigadores de las universidades de Almería y Jaume I de Castellón, han detectado efectos beneficiosos del consumo de bacterias comunes en los productos lácteos fermentados. En un estudio con enfermos de fibromialgia han observado que reduce la impulsividad en la toma de decisiones, facilita los cambios de tarea y favorece la capacidad de adaptación.

El trabajo, desarrollado en un novedoso campo, ha contado con la participación de científicos de los grupos de investigación de ciencias de la salud, psicofarmacología, neurotoxicología, neuropsicología experimental y aplicada y de neurociencia cognitiva. Eligieron los pacientes de fibromialgia por la accesibilidad a un grupo de ellos y los síntomas que padecen, entre los que se encuentran pérdida o dificultad de concentración, olvidos, disminución de vocabulario y lentitud mental. Además, esta patología está asociada a disfunciones emocionales y cambios repentinos del estado de ánimo, así como a signos de fatiga y cansancio continuados.

Pablo Román, investigador de la Universidad de Almería y profesor de la Jaume I, detalla que seleccionaron un grupo de 114 enfermos a los que suministraron durante ocho semanas cuatro probióticos orales (L. Rhamnosus GG®, Casei, Acidophilus y B. Bifidus) mediante cápsulas. Otro grupo recibió durante el mismo tiempo un placebo en las mismas condiciones. Tras la ingesta de bacterias, los pacientes se sometieron a tareas experimentales y cuestionarios. También se recogieron muestras de heces y orina con el objetivo de determinar la influencia directa de los microorganismos en la flora intestinal y se analizaron los niveles de cortisol, la hormona que se libera como respuesta a situaciones de estrés. “Queríamos comprobar si estas bacterias contribuyen a disminuir tanto la intensidad del dolor como la ansiedad y depresión que padecen los pacientes con fibromialgia, así como una mejora a nivel cognitivo”, comenta el investigador.

Pero el resultado de esta prueba, recogido en el artículo "Probiotics for fibromyalgia: study design for a pilot double-blind, randomized controlled trial", publicado en la revista Nutrición hospitalaria y difundido a través de la fundación Descubre, desveló los beneficios de las bacterias en aspectos como la impulsividad y o en la toma de decisiones, aunque los descartó en cuestiones de memoria, atención y emocionales. También resalta el estudio la intrascendencia en la ingesta de estos microorganismos en funciones motoras. “Observamos que a la hora de tomar decisiones, el grupo de pacientes a los que se les suministró probióticos actuaba de manera menos impulsiva y requerían menos tiempo para ejecutar acciones. A quienes se les administró placebo, no registraron avances de ningún tipo”, detalla Román.

Lácteos comunes y de fácil acceso

El investigador destaca que las bacterias también se encuentran en los productos lácteos comunes y de fácil acceso en cualquier tienda y que las cantidades necesarias para obtener sus beneficios son las habituales de cualquier dieta equilibrada. El mecanismo, según describe, es que la flora intestinal interactúa con el sistema nervioso.

“La conexión existe y ya se ha acuñado un término para aquellos elementos que tienen influencia en el cerebro: son los psicobióticos”, afirma Luis Fontana, catedrático de bioquímica de la Universidad de Granada, ajeno al estudio. Este investigador asegura que ya se han probado beneficios en situaciones de hígado graso y que se estudia la influencia de las bacterias en otros ámbitos, como el autismo. No obstante advierte: “Nunca vamos a curar con probióticos. No son la panacea sino complementos a otros tratamientos”.

Óscar Bañuelo, responsable de Descubrimiento y Estudios Preclínicos de Biosearchlife, cree que es un campo en el que quedan muchos descubrimientos por hacer, una vez acreditada la relación de la ingesta de bacterias beneficiosas con la mejora en determinados campos de la salud.

De esta relación ha hablado recientemente en Zaragoza el gastroenterólogo canadiense Premysl Bercik, quien ha desarrollado una investigación que relaciona el consumo de probióticos BL con la redución de la depresión y la mayor calidad de vida de los pacientes, aunque no tiene influencia en los marcadores de ansiedad. Las mejoras están asociadas a procesos de cambios en el cerebro a través del sistema límbico, las estructuras cerebrales que regulan las respuestas fisiológicas a determinados estímulos.

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