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PUBLICADO EN 'NUTRICIÓN HOSPITALARIA'

Los probióticos fomentan una actitud proactiva en personas con fibromialgia

JANO.es · 22 enero 2018 00:42

Un estudio de la Universidad de Almería prueba los efectos de cuatro bacterias saludables a nivel intestinal en pacientes con fibromialgia.

Científicos de los grupos de investigación Psicofarmacología, Neurotoxicología y Neuropsicología, ‘Neuropsicología experimental y aplicada e Investigación neurociencia cognitiva de la Universidad de Almería han demostrado que el consumo de determinadas bacterias en pacientes con fibromialgia mejora la toma de decisiones hacia las actividades que realizan. En este sentido, la ingesta de estos microorganismos aumenta la predisposición para cambiar de una actividad a otra.

Las personas que sufren esa dolencia presentan síntomas cognitivos como pérdida o dificultad de concentración, olvido, disminución de vocabulario y lentitud mental. Junto a estos síntomas, la fibromialgia está asociada a disfunciones emocionales y cambios repentinos del estado de ánimo, así como a signos de fatiga y cansancio continuados.

Al mismo tiempo, este trabajo relaciona por primera vez los efectos que provocan cuatro cepas probióticas (bacterias vivas que aportan beneficios al organismo, como el equilibrio de la flora intestinal, la defensa del sistema inmunológico y favorecen la digestión) en individuos que padecen esta patología. Tras los ensayos clínicos realizados in vivo, los científicos constataron que estos compuestos, suministrados en cantidades adecuadas, actúan directamente en la mejora de funciones cognitivas complejas, alteradas habitualmente en estos pacientes.

El diseño de esta prueba piloto, recogida en la revista Nutrición Hospitalaria, subraya los beneficios de estas bacterias a nivel cognitivo a la vez que descartan cualquier avance relacionado directamente con el progreso físico o emocional. De esta forma, su consumo influye positivamente en funciones cognitivas de impulsividad y mejora en la toma de decisiones. Sin embargo, los científicos no han detectado progresos en aspectos relacionados con la memoria y la atención, así como tampoco en la dimensión física y emocional, donde apenas se aprecian avances significativos.

Los expertos trabajaban con la hipótesis inicial de adjudicar a estos tipos de probióticos una serie de ventajas relacionadas con las funciones de la mente y los planos físico y emocional. “Cuando iniciamos el estudio, queríamos comprobar si estas bacterias contribuyen a disminuir tanto la intensidad de dolor como la ansiedad y depresión que adolecen los pacientes con fibromialgia, así como una mejora a nivel cognitivo”, afirma el investigador de la Universidad de Almería Pablo Román, responsable de este trabajo.

Tras más de dos meses de evaluación continua a los pacientes, los científicos obtuvieron que solo mejoran algunas funciones cognitivas. “Con el tiempo, quienes padecen esta enfermedad suelen ir perdiendo riqueza léxica y memoria. Por ello, queríamos verificar si con los probióticos se frena esta tendencia”, apunta Román.

Para ello, los investigadores emplearon cuestionarios y tareas experimentales que los pacientes debían cumplimentar para autoevaluarse. De este modo, ofrecían información útil mediante indicadores como el grado de dolor padecido, la calidad de vida y del sueño, la incidencia y gravedad de los síntomas de la fibromialgia, así como un inventario de depresión para identificar los síntomas emocionales y la ansiedad que padecen.

Los resultados obtenidos señalan que la ingesta de microorganismos no afecta al área del cerebro responsable de las funciones motoras. En cambio, sí atañe a la parte encargada de controlar la capacidad de adaptación ante una determinada tarea sin, a su vez, mostrar indicios de cansancio. “Observamos que a la hora de tomar decisiones, el grupo de pacientes a los que se les suministró probióticos actuaba de manera menos impulsiva y requerían más tiempo para ejecutar acciones”, detalla el autor del estudio.

Probióticos y placebo

Hasta obtener estas conclusiones, los expertos realizaron ensayos clínicos con unos 60 pacientes de fibromialgia, principalmente mujeres, ya que esta enfermedad les afecta mayoritariamente a ellas.

En primer lugar, los científicos realizaron a cada individuo una evaluación previa al tratamiento donde registraron mediante diferentes cuestionarios y tareas su capacidad cognitiva y otros factores relacionados con sus estados físico y emocional. Durante dos días, midieron la intensidad y el tipo de dolencia que padecían, así como la presencia de ansiedad u otros síntomas depresivos.

Por otro lado, recogieron muestras de heces y orina con el objetivo de determinar la influencia directa de los microorganismos en la flora intestinal o microbiota y esta a su vez como mediadora de las funciones cerebrales. “Con estos indicadores teníamos especial interés en comprobar si los probióticos afectan al nivel de estrés. Medimos este valor a través del cortisol, la hormona que se libera como respuesta a situaciones nerviosas”, explica Román.

Posteriormente y divididos en dos grupos, el primero tomó probióticos orales (L. Rhamnosus GG®, Casei, Acidophilus, y B. Bifidus) durante ocho semanas, mientras que el segundo ingería placebo en el mismo intervalo de tiempo. Las dosis eran cuatro pastillas cada día y tanto las cápsulas con las bacterias como las que contenían una sustancia inocua, eran idénticas en apariencia, sabor y olor.

Durante el proceso de investigación, los expertos telefonearon a los pacientes para descartar efectos secundarios del medicamento y cualquier otro tipo de problema. “En el ecuador del tratamiento entrevistamos de nuevo a todos los pacientes para evaluar cómo se estaba desarrollando la prueba y saber si se estaba tolerando adecuadamente, así como la adherencia al tratamiento”, insiste Román.

Una vez concluido el tratamiento, los investigadores volvieron a entrevistar a los pacientes para evaluar y comparar los resultados obtenidos en la fase previa y posterior a la terapia. “A quienes se les administró placebo, no registraron avances de ningún tipo. En cambio, aquellos que tomaron probióticos evidenciaron en diversos test de impulsividad que su flexibilidad cognitiva era algo mayor a la demostrada antes del ensayo”, asegura este experto. 

Tras esta primera fase, con parte de financiación procedente de la Universidad de Almería, este equipo multidisciplinar formado por enfermeros, fisioterapeutas, psicólogos y expertos en Neurociencia, seguirán trabajando en nuevas líneas de investigación con probióticos que puedan aportar beneficios a otras enfermedades.

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