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Describen las señales que sitúan el corazón en el lado izquierdo durante el desarrollo embrionario

JANO.es · 08 septiembre 2017 00:01

Un estudio del Instituto de Neurociencias de Alicante explica el origen de esta asimetría por un mayor flujo celular hacia el lado izquierdo.

Un grupo de investigadores del Instituto de Neurociencias (IN) de Alicante, un centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández, ha publicado un trabajo en el que explican por qué tenemos el corazón en el lado izquierdo del cuerpo. En un artículo que aparece en la revista Nature, los autores ofrecen una explicación para el origen de esta asimetría.

Al comienzo del desarrollo embrionario, todos los órganos aparecen en la mitad del cuerpo. De hecho, en algunos invertebrados es ahí donde se quedan y el lugar que ocupan en el individuo adulto. En los vertebrados como los humanos, sin embargo, un sistema de empaquetamiento más complejo lleva a distintos órganos a diferentes lugares. El hígado, a la derecha, el bazo o el corazón, a la izquierda.

El desplazamiento del corazón hacia la izquierda sucede porque, una vez que se ha formado el germen de ese órgano, comienzan a llegar células desde izquierda y derecha. Según explica Ángela Nieto, investigadora del IN y líder del estudio, hasta ahora, la opinión más extendida planteaba que había una serie de señales en el lado izquierdo del embrión que se reprimían en el lado derecho, explicando la asimetría. “Nosotros vimos que había otro mecanismo adicional. Había genes que se expresaban más en el lado derecho”, añade. Ese mayor flujo de células empujaba el corazón hacia el lado izquierdo.

Inicialmente hicieron estas observaciones en embriones de pollo. Después confirmaron el hallazgo en pez cebra y en ratón. Vieron así que es un mecanismo conservado en distintas especies y, probablemente, extrapolable a humanos. “El pez cebra es transparente y podíamos estudiar mejor los movimientos celulares. Comprobamos que al anular la función de estos genes, y con ello los movimientos de las células hasta el corazón, este permanecía en el centro en las tres especies”, explica Óscar Ocaña, primer autor del estudio.

El 50% de las malformaciones con las que nacen los bebés afectan al corazón

“El posicionamiento de los órganos tiene que ver con un empaquetamiento eficiente y con que haya una buena concordancia con otros sistemas, como la vasculatura”, señala Nieto. La posición del corazón con el polo inferior apuntando a la izquierda es fundamental para que haya una conexión adecuada con las venas y arterias. A lo largo de la evolución, la selección natural ha favorecido cambios que, aleatoriamente, producían órganos más eficientes. La estructura que late rítmicamente y que los humanos llamamos corazón es muy distinta del órgano que hace esas funciones en un pez cebra o en los animales invertebrados.

La infinidad de señales que empaquetan los órganos de forma correcta no siempre funciona de forma perfecta. En muchos casos, los propios sistemas de seguridad del embrión lo destruyen, porque acumula errores que lo hacen inviable. En algunos casos, el desarrollo continúa pese a las alteraciones. En el momento del nacimiento, el 50% de esas malformaciones son cardíacas y muchas de ellas tienen que ver con defectos en el posicionamiento del corazón.

El trabajo de Nieto y su equipo para comprender el sistema de señales que gobierna el desarrollo de los embriones comenzó hace ya 25 años y tiene ramificaciones que pueden ayudar a entender enfermedades como el cáncer. “Encontramos las proteínas que dotan a la célula de su capacidad de movimiento”, afirma Nieto.

La posición del hígado

“Esto lo hemos estudiado en distintos procesos del desarrollo embrionario y hemos visto cómo se apaga ese programa cuando finaliza el proceso, pero sabemos que se puede encender más adelante de manera patológica”, continúa. Las células de cáncer, esa versión deformada de nosotros mismos, recuperan la capacidad de las células embrionarias para el desplazamiento y se vuelven capaces de trasladarse desde un tumor primario a otros órganos en forma de metástasis.

Ahora, el equipo del IN que ha publicado este artículo en Nature trabaja para entender la posición de otros órganos como el hígado. Poco a poco, se van reuniendo las piezas para comprender la coreografía que da origen al ser humano y que, a veces, también acaba con él.

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