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APARATO DIGESTIVO

Consumo de tabaco y pólipos intestinales

JANO.es · 13 febrero 2008 15:04

Una revisión de 42 estudios muestra que los fumadores presentan un riesgo duplicado de desarrollar adenomas en el colon

La palabra “persona” está creando problemas, por lo visto..., a la hora de emplearla sobre todo en publicidad, y también en periodismo. Quién lo diría, tratándose de término tan común, tan consabido. ¿Se debe a mayor exigencia de precisión expresiva? ¿Se debe a incapacidad de quien escribe? ¿A que con tantos siglos de escritura todavía no hemos llegado a total dominio de las posibilidades de la palabra? Véase por qué lo digo.

Textos entresacados de prensa y de radio, que rezan más o menos así: “Junto al ministro Fulanito de Tal, se encontraba muchas “personas anónimas”. ¿”Personas anónimas”? El redactor debe de pensar que se trata de gentes que no resultaban conocidas del gran público, no por sus, tal vez, inexistentes cargos, no porque era imposible saber cómo se llamaban. ¿Que de algún modo había que denominarlas? Pues sencillamente: o bien sin calificarlas o bien escribiendo “ciudadanos”. Pero “personas anónimas”, no. Todo el mundo tiene nombre, por más que lo desconozcamos.

Otrosí. La publicidad también ha entrado en esto de la persona. Lo hace mediante el verbo “personalizar” y el adjetivo “personalizado”. Así pues, en un banco o caja de ahorros se nos tienta publicitariamente con la promesa de una atención o de un trato “personalizado”. ¿Será que al abrir una cuenta o al pedir un crédito, una hipoteca, corro el peligro de que estas y otras operaciones no se hagan exactamente a mi nombre? ¿Cómo puede dejar de ser personal alguna de estas acciones, aunque se realicen de acuerdo entre una o más personas? ¿No han caído en esto los directivos bancarios y los publicistas a quienes encargan informar de sus actividades?... Pues parece que no, dada la insistencia en el hecho.

Y algo peor, mucho peor. Equivocarse en un banco puede ser engorroso, pero equivocarse en una visita médica podría ser mortal. Pues, para prevenir accidentes médicos de toda clase, hay clínicas que, muy cautas ellas, nos prometen ni más ni menos que una “asistencia personalizada”. Ahí es nada. ¿Va usted al oftalmólogo y resulta que le visita el neurólogo? Claro que entre los ojos y el sistema nervioso quizá existe a veces alguna relación, incluso grave, pero es de suponer que primero le visitará a usted el médico de los ojos y, tal vez, luego el de los nervios. ¿Para evitar toda suerte de errores se ofrece esa “atención personalizada” que una muy inteligente publicidad clínica promete al paciente?

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